
En las películas de ciencia ficción, la vida en Marte se muestra como una aventura apasionante: naves que aterrizan en llanuras arenosas, bases con cúpulas transparentes y colonos listos para cultivar patatas en invernaderos de alta tecnología. Sin embargo, la ciencia señala numerosas dificultades que nos impiden vivir en Marte.
Aunque la tecnología de cohetes avanza a pasos agigantados para llevarnos al planeta rojo, la biología humana es el verdadero problema. Nuestro cuerpo evolucionó durante millones de años para vivir protegido por la atmósfera y la gravedad. Llevarlo a Marte significa exponerlo a un entorno hostil que la tecnología actual todavía no puede neutralizar.
Vivir en Marte: la radiación cósmica
En la Tierra nos protege un doble escudo invisible: nuestra densa atmósfera y un potente campo magnético global generado por el núcleo de hierro fundido en el centro del planeta. Marte, en cambio, perdió su campo magnético hace miles de millones de años y tiene una atmósfera muy tenue, inferior al 1% de la terrestre. Por tanto, los rayos cósmicos podrían afectar directamente al cuerpo humano.
Durante los meses de viaje a Marte y la estancia en su superficie, los astronautas serían bombardeados por dos tipos de radiación:
- Rayos cósmicos: partículas de altísima energía procedentes de fuera del sistema solar, capaces de atravesar las paredes metálicas de las naves.
- Eventos de partículas solares: tormentas de radiación emitidas por el Sol.
Una exposición prolongada a estas radiaciones no solo genera un riesgo muy alto de desarrollar cáncer, sino que causa daños directos al sistema nervioso central, deterioro cognitivo y lesiones cardíacas. Los blindajes actuales, de plomo o agua, harían las naves demasiado pesadas para despegar. ¿La solución? Construir las primeras bases marcianas bajo tierra, dentro de tubos de lava volcánico-sedimentarios.

Microgravedad y gravedad reducida
La gravedad de Marte es aproximadamente un tercio de la terrestre. Sabemos qué le ocurre al cuerpo humano sin gravedad, pero no tenemos la menor idea de qué sucede con la biología humana tras años expuesta a una gravedad reducida.
Los problemas físicos documentados son graves:
- Atrofia muscular y desmineralización ósea: Sin la carga de la gravedad terrestre, los huesos pierden hasta un 1,5% de su densidad al mes, expulsando calcio por la orina y aumentando el riesgo de fracturas y cálculos renales.
- Síndrome neuroocular: Sin una gravedad fuerte, los líquidos corporales se desplazan hacia la cabeza. Esto aumenta la presión dentro del cráneo y comprime el globo ocular, provocando daños permanentes en la visión y una borrosidad que ninguna gafa puede corregir.
Si una tripulación aterrizara en Marte tras ocho meses de viaje en ingravidez, los astronautas podrían ni siquiera mantenerse en pie para caminar por la superficie.

Vivir en Marte: el suelo venenoso
En la película The Martian, el protagonista sobrevive cultivando patatas en suelo marciano enriquecido con abono. En la realidad, eso lo habría envenenado en pocas semanas. El regolito, la arena marciana, está impregnado de percloratos, sales tóxicas muy oxidantes que destruyen la tiroides y queman los tejidos pulmonares si se inhalan.
Además, el polvo marciano no está redondeado como la arena de nuestros desiertos: sin erosión hídrica, sus granos son esquirlas de vidrio microscópicas y electrostáticas. Se adherirían a los trajes de los astronautas y entrarían inevitablemente en los hábitats al regresar, provocando enfermedades respiratorias graves.
Antes de planificar ciudades en el planeta rojo, a la ciencia y la tecnología todavía les queda mucho camino. Hasta entonces, Marte seguirá siendo un lugar espléndido para explorar con robots, pero mortal para los seres humanos.
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