
¿Es una estrella? ¡No, es un agujero negro! ¡No, es un monstruo! Superman nos perdonará la célebre referencia, que en este caso encajaba demasiado bien con la situación. Porque el agujero negro detectado por el telescopio James Webb es en realidad algo muy distinto de lo que esperaban los astrónomos de todo el mundo. Y no solo eso. El descubrimiento del «monstruo espacial» podría desvelar otro misterio hasta ahora sin resolver: el de los «puntos rojos» en el espacio, identificados precisamente por el telescopio Webb.
Pero ¿de qué estamos hablando exactamente? El descubrimiento procede de una publicación en Nature, y resulta extraordinario. Un cuerpo celeste antiquísimo, que se remonta a poco después del Big Bang; un agujero negro extraordinariamente grande que emite la misma radiación luminosa que una estrella. El mundo de la ciencia y la astronomía está entusiasmado con este hallazgo, que promete arrojar nueva luz sobre las regiones más remotas del espacio.
El agujero negro que se esconde en una estrella
Pero empecemos por el principio. El descubrimiento llega del MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Allí, un grupo de investigadores encabezado por el profesor Rohan Naidu y en colaboración con Sirio Belli, de la Universidad de Bolonia, ha detectado un cuerpo celeste único en su género. Al menos según lo que sabemos por ahora, ya que este descubrimiento podría reescribir muchos conceptos consolidados de la astronomía.
El «monstruo» sería un híbrido entre una estrella, aunque anómala, y el agujero negro que contiene. Una combinación que hasta hace unos meses se consideraba imposible. Sin embargo, ahí está: a más de 13 millones de años luz de la Tierra se oculta un agujero negro rodeado de la estructura gaseosa que suele encontrarse en las estrellas.

A primera vista, el cuerpo celeste tiene el aspecto de un astro especialmente masivo y luminoso. En realidad, su núcleo pertenece a un agujero negro rodeado de gases muy densos. El gas envuelve el agujero negro como una especie de cubierta, responsable en parte de la radiación luminosa.
Una «estrella» anómala que abre nuevos escenarios aún por explorar para la investigación astronómica.
El «monstruo» espacial que revela el secreto de los «pequeños puntos rojos»
El descubrimiento de este extrañísimo cuerpo celeste ha despertado, como era de esperar, una gran curiosidad en el mundo académico. El agujero negro anómalo, parecido a una estrella gigantesca, ha recibido el apodo de «estrella agujero negro» («black hole star») y se ha bautizado como un «monstruo», algo que no se creía posible. La investigación del MIT, en la que también participó el investigador de la universidad Alma Mater de Bolonia, ha revelado mucho más.
Este «monstruo» espacial podría ser la respuesta al enigma, aún sin resolver, de los «pequeños puntos rojos» identificados también por el telescopio James Webb; el mismo con el que los científicos del MIT identificaron la estrella agujero negro. Estos objetos emiten una luminiscencia roja muy intensa, acompañada de una extraordinaria compacidad. Su edad también parece encajar: los «pequeños puntos rojos» se encuentran sobre todo en elUniverso primitivo, y podrían ser ligeramente posteriores al Big Bang.

Hasta ahora, los científicos llevaban mucho tiempo preguntándose qué podría causar estos misteriosos fenómenos luminosos. Una de las hipótesis más aceptadas era precisamente que se tratara de agujeros negros envueltos en densas nubes de gas. El agujero negro descubierto por el MIT parece confirmar esta hipótesis y ofrecer una nueva interpretación de uno de los grandes misterios del espacio. Ya en 2026, las observaciones de la NASA del espectro de un «Little Red Dot» (nombre inglés de los «pequeños puntos rojos») habían reforzado esta teoría. La estrella agujero negro descubierta a 13 millones de años luz de la Tierra podría resultar ser la prueba definitiva que esperaban los científicos.
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