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Electroecología: ¿salvarán los robots el futuro?

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Con l'elettroecologia i robot si ispirano agli animali per salvare l'ambiente

El término electroecología todavía se utiliza y se conoce poco, en comparación con la mucho más conocida electrofisiología. Sin embargo, podría convertirse pronto en un término familiar y encerrar la clave para salvar el planeta Tierra y sus ecosistemas, cada vez más amenazados por la contaminación y los cambios climáticos repentinos.

Pero ¿de qué se trata exactamente? La electroecología se basa en el uso de los campos eléctricos por parte de los seres vivos, como los animales y las plantas. Abre las puertas a una perspectiva que ha entusiasmado a investigadores y científicos. En el futuro, unos autómatas que aprendan a gestionar estos campos eléctricos de forma similar a lo que ya ocurre en el mundo natural y vegetal podrían ser un recurso inestimable para proteger el medioambiente.

Descubriendo la electroecología

La electroecología parte de la observación del entorno y de las formas en que plantas y animales interactúan con los campos eléctricos. No es ciencia ficción; en realidad, los campos eléctricos están por todas partes a nuestro alrededor. Muchísimos seres vivos, animales y vegetales, pueden tanto transmitirlos como percibirlos, e incluso utilizarlos, sin recurrir a otras herramientas que los sentidos que la naturaleza les ha proporcionado. Casi unos «superpoderes» para quien desconoce los delicados vínculos que regulan la vida dentro de un ecosistema natural.

Las abejas generan campos eléctricos
Un enjambre de abejas puede generar campos eléctricos muy intensos

Es el caso, por ejemplo, de las abejas. Durante la polinización, estos insectos tan importantes para la supervivencia del medioambiente utilizan interacciones electrostáticas. Estas pueden agregarse, cuando las abejas forman enjambres, en un campo eléctrico colectivo de gran intensidad. Una reacción generada por las vibraciones del cuerpo de las abejas y que tiene una finalidad. Algunos estudios han revelado que este campo eléctrico puede influir en el clima de la zona donde se encuentra el enjambre, favoreciendo su supervivencia. También las langostas y los abejorros producen campos eléctricos, durante sus migraciones o simplemente al jugar.

Pero la electroecología no se limita al mundo animal; también las plantas pueden aprovechar la energía eléctrica generada, por ejemplo, por las ráfagas de viento. Las hojas almacenan la electricidad procedente del viento, las gotas de lluvia o las partículas de polvo. Gracias a ella pueden comunicarse con otras plantas y también con otros seres vivos.

Cuando la robótica se inspira en plantas y animales

La observación de esta fascinante disciplina, hasta ahora desatendida por los estudiosos, inspiró a un grupo de científicos del Instituto de BioRobótica de la Escuela Superior Sant’Anna de Pisa. La electroecología, sostienen los profesores Giulia Raffaele, Fabian Meder y Donato Romano, podría inspirar a la robótica y desempeñar un papel fundamental en la protección y conservación del medioambiente, un problema cada vez más actual y dramático.

Dedicando estudios e investigaciones al ámbito de la electroecología y a su uso en la naturaleza, será posible crear nuevas infraestructuras robotizadas que aprovechen esos mismos campos eléctricos. Robots, por tanto, pero también plataformas biohíbridas, sensores muy sofisticados de nueva generación y nuevas soluciones para la recolección de energía.

Plantas, viento y animales: la naturaleza está llena de ejemplos de electroecología
Gracias a la electroecología, los robots del futuro podrán utilizar la electricidad presente en la naturaleza

La clave del proyecto consiste en conseguir nuevos robots mejor integrados en el medioambiente y el ecosistema, para minimizar las emisiones contaminantes y utilizar nuevas fuentes de energía «limpia». Todo ello gracias a las cargas invisibles presentes en las biointerfaces naturales. La electricidad generada por plantas o animales actualmente todavía no se puede medir, y este apasionante campo de investigación aún ofrece mucho por explorar. Corresponderá a los científicos, los de hoy y especialmente los de mañana, aprovechar la extraordinaria oportunidad que les ha abierto la investigación de Pisa.

El futuro aún está por escribir. Pero quizá baste con mirar alrededor para descubrir que muchos de los recursos que podríamos necesitar para la supervivencia del ecosistema terrestre ya existen en la naturaleza. Después de la observación, las mediciones y el estudio, llegará la réplica «virtual».

Autor: Cristina Pezzica

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